Quienes Somos
Ubicada en San Rafael, Mendoza y con más de un siglo de trayectoria, nuestra bodega forma parte de la historia vitivinícola de la región desde 1893. Ha permanecido en manos de la familia desde sus inicios, siendo hoy gestionada por la quinta generación.

En busca de nuevos Horizontes
Desde 1830 comenzaron a instalarse las primeras colonias extranjeras en el centro oeste argentino. En la Europa de mediados del siglo XIX, y especialmente en Italia, se vivían tiempos difíciles: la industrialización exigía jornadas inhumanas, de sol a sol, para hombres, mujeres y niños. En el campo, la situación no era mejor: sobraban brazos y faltaba tierra. El sueño de una propiedad propia y de un trabajo estable parecía cada vez más lejano.
Ante ese panorama, muchos europeos comenzaron a mirar hacia otros destinos. África resultaba hostil y ajena; América, en cambio, era una tierra todavía desconocida y en gran parte desértica, pero con gobiernos dispuestos a poblarla y ofrecer nuevas oportunidades. Con escasa información y apenas algunas cartas de parientes que ya habían emigrado, estos grupos se prepararon para enfrentar lo desconocido. Esperaron la llegada del invierno europeo, cuando el trabajo agrícola disminuía, y emprendieron el largo viaje hacia lo que llamaban, con esperanza e incertidumbre, “La América”.


La tierra Elegida
En diciembre de 1883, tras una travesía de 45 días en barco, arribó a la Argentina Don César Tornaghi, pionero de la vitivinicultura en San Rafael y fundador de nuestra bodega. Proveniente de Cologno Monzese, en la región de Lombardía, llegó acompañado por un grupo de veinte inmigrantes italianos.
Como tantos recién llegados, fueron alojados en el Hotel de los Inmigrantes, principal albergue de la colonización europea. Allí no solo recibían hospedaje, sino también orientación y propuestas de radicación en el interior de una nación extensa y casi despoblada.
Durante esa etapa, el grupo tomó contacto con el cura Manuel Marco, un sacerdote italiano que había llegado a San Rafael como capellán del Séptimo de Caballería. Propietario de grandes extensiones de tierras incultas y entusiasta de los proyectos colonizadores de la época, Marco viajó a Buenos Aires en busca de mano de obra. La afinidad cultural, religiosa y lingüística selló rápidamente el vínculo, y juntos emprendieron el viaje hacia San Rafael.


El Comienzo
El paisaje que encontraron resultó impactante: extensiones interminables de tierras despobladas, cubiertas por arbustos espinosos propios del monte casi desértico. Un escenario impensado para quienes provenían de la verde y fértil Italia.
Al llegar a San Rafael comenzaron a trabajar las tierras del cura Marco, pero con el tiempo él se quedó sin recursos económicos para cumplir con los pagos acordados. Algunas familias decidieron entonces continuar su camino hacia la ciudad de Mendoza. Sin embargo, una nueva oportunidad apareció de la mano de Rodolfo Iselin, acaudalado empresario francés y propietario de vastos terrenos en la región.

Copia de un seguro emitido a Don César Tornaghi

Iselin, conocedor del esfuerzo y la laboriosidad de los inmigrantes italianos, les ofreció tierras en venta, a pagar con trabajo, junto con una remuneración y crédito para mercancías. Fue allí donde Don César Tornaghi se asentó junto a su familia en una parcela de seis hectáreas sobre calle Italia. En ese lugar comenzó a cultivar la tierra, plantar su finca y construir su casa y su bodega, realizadas con adobe crudo y caña.
En 1893, Don César adquirió definitivamente esas tierras y dio inicio formal a la actividad vitivinícola, sentando las bases de lo que hoy sigue siendo el corazón de la empresa familiar.

Etiqueta que llevaban las barricas en tren
El Desarrollo
El año 1903 marcó un punto de inflexión para la joven ciudad de San Rafael. En pocos años, las tierras de la colonia italiana estaban completamente cultivadas y en plena producción. La llegada del ferrocarril permitió una salida más eficiente de los productos, asegurando estabilidad y crecimiento económico.
Hasta la década de 1960, el vino se transportaba en barricas de roble francés, con destino principal a la ciudad de Buenos Aires. Con el tiempo, la comercialización evolucionó: primero en damajuanas de 10 litros, luego en las de 5 litros, y a partir de la década de 1970, en botellas de distintos formatos.


Desde entonces, la bodega fue incorporando
tecnología, diversificando envases, productos y mercados, siempre conservando
su marca centenaria y expandiendo su presencia tanto en el mercado interno como
en el de exportación.
Hoy
A lo largo de las generaciones, la familia
Tornaghi ha consolidado dos objetivos fundamentales: producir vinos de calidad y
hacerlo integrando de la mejor manera posible todos los factores de producción.
Esto implica cultivar vides de cepajes seleccionados, aplicar tecnología adecuada
y respetuosa del entorno, elaborar cada vino con métodos cuidadosos y,
fundamentalmente, hacerlo con entusiasmo y dedicación.


Hoy, la familia Tornaghi cuenta con la
trayectoria vitivinícola más antigua de San Rafael. Desde sus inicios, la
bodega ha permanecido siempre en manos de la familia. Actualmente, la quinta
generación de aquel inmigrante italiano continúa elaborando vinos de calidad, honrando
el legado recibido y manteniendo el prestigio
logrado a través de tantos años.